Desde hace dos meses, cada mañana, baja al parque. Se acerca despacio adonde están las palomas, sin hacer movimientos bruscos, para no asustarlas. Ellas ya le conocen y se reúnen a su alrededor, cada vez más.

Les echa migas de pan y las observa con su mirada triste, como analizándolas una a una. Camina un poco entre ellas para identificarlas, durante un rato. Cuando ve que las migas de pan han desaparecido del suelo y las palomas empiezan a dispersarse, se marcha. Cada mañana, desde hace dos meses.

Magín vuelve a su domicilio, en silencio, cabizbajo, solo. Cuando entra, acaricia la varita mágica que tiene, desde hace dos meses, sobre el recibidor, junto a su capa. Luego vuelve a mirar el interior de la chistera, acaricia la única pluma que hay dentro, y sigue echando de menos a la protagonista de su último truco, que voló hace ya dos largos meses.

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