Laura
Es pequeña, regordeta, de mirada viva y brillante. Nunca sonríe salvo levemente, pero no tiene mal carácter. Es educada y amable. Casi marcial. Su flequillo recto, ocultando su frente, le da un aire de personaje de cómic, pero sus facciones son suaves, no perfiladas.
Trabaja en las afueras de la ciudad, en la nueva fábrica de automóviles. Sin embargo ella sigue conduciendo su pequeño utilitario, antiguo, eso sí, impoluto.
Al llegar a la fábrica saluda amablemente, siempre, al guarda, que le levanta la barrera. Se dirige a la parte trasera, donde está su aparcamiento personal, entra, va al ascensor, saca una tarjeta que lleva en el bolsillo de su camisa y el ascensor desciende hacia donde no suele hacerlo normalmente. Cuando llega a su destino las puertas se abren y un militar se cuadra ante Laura y la pone al corriente, firmes y mirándola a los ojos:
—Comandante, el transportador está listo. Nos dicen que han finalizado las mejoras que usted ordenó. Cuando esté lista podemos comprobar si hemos conseguido superar los traslados inter espaciales anteriores.
—Procedan, pues.
Nadie sabe qué secretos hay bajo la nueva fábrica de coches. Tú tampoco deberías saberlo.
