Yo seré claro: escribo porque me gusta. Porque me obliga a estar atento a lo de fuera pero, sobre todo, a lo de dentro. Por eso hay temas, tropos, lugares comunes por los que no transito; porque no me interesan o, simplemente, no me da la gana. No son mi forma de ver la vida, el mundo o a las personas.

Los relatos para mí son ese intento de explicar, de explicarme, cómo veo lo que me rodea y cómo creo que debería realmente ser, aunque no sea explícito. Son esa obsesión de que todo acabe bien, aunque no lo parezca a primera vista. Por eso siempre verás, espero, una mínima pizca de esperanza en todos mis cuentos, por muy oscuros o tétricos que sean.

A veces puedo ser notario, protagonista, juez…, pero siempre trato de que, de todo, haya una salida mínimamente luminosa. Por eso existe esta web: para que quede constancia, por escrito, de mis torpes intentos por arrojar algo de luz sobre mis propias sombras que, quizás, también sean las tuyas.

Soy consciente de que puede haber muchos errores, fallos internos, externos y hasta de perspectiva o verosimilitud; mi imaginación funciona un poco así. A veces, simplemente, me da imágenes inconexas, sin sentido, que yo trato de poner en pie; otras son personas, situaciones, recuerdos, anécdotas, lecturas… que vibran de alguna forma dentro de mi cabeza y para las que trato de encontrar una melodía que las haga sonar más o menos afinadas. Esta web es mi pentagrama.

Parafraseando a Tolkien, sólo soy un «animal que cuenta cuentos»; ni músico ni escritor. Aprendiz de todo y maestro de nada. Pero eso he sido, y seré, toda mi vida.

Conozco mis limitaciones y tú podrás ver algunas de ellas plasmadas aquí. Tal vez también escribo por eso: para entenderme y entenderte, y entenderlo todo un poco mejor… Para darle voz a mis silencios o silenciar mis gritos.

No lo sé. Es todo esto y no es nada. Pero es, y así trato de dar fe en esta página. Desde mi imaginación hasta tus ojos. Desde mi corazón hasta tu alma. Tal vez, en algún rincón de una línea, podamos vibrar con la misma nota, y seré feliz. Si no, yo seguiré haciendo sonar mi música y tú seguirás escuchando la tuya. La idea es compartirla y que no nos venza el silencio.

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